La Gaceta

A 50 años del golpe: memoria, verdad y justicia, por Sebastián García

El 24 de marzo no es una fecha más en el calendario de argentino. Es una herida abierta en nuestra historia colectiva, una marca profunda que nos recuerda uno de los períodos más oscuros que vivió nuestra Nación: el inicio del terrorismo de Estado tras el Golpe Militar de 1976 en Argentina.-

Hace ya 50 años, las Fuerzas Armadas interrumpieron el orden constitucional e instauraron una dictadura que sembró miedo, persecución y muerte en todo el país. Aquel 24 de marzo comenzó un sistema planificado de represión ilegal que dejó miles de desaparecidos, familias destruidas y una sociedad marcada por el dolor.

La dictadura cívico-militar no solo buscó imponer un modelo político y económico a sangre y fuego, sino también borrar identidades, silenciar voces y destruir el tejido social de una Argentina que soñaba con democracia, justicia y participación.

Durante aquellos años, el país conoció el horror de los centros clandestinos de detención, las desapariciones forzadas, el robo de bebés y la persecución ideológica.

Muchos argentinos y argentinas fueron arrancados de sus hogares y nunca volvieron. Otros sobrevivieron para contar lo que el terror intentó ocultar.

Pero frente al miedo también surgió la valentía.

Organizaciones como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se transformaron en faros de dignidad, caminando una y otra vez alrededor de la plaza con la fuerza del amor y la esperanza de encontrar a sus hijos y nietos.

Gracias a su lucha incansable, el mundo conoció la verdad que la dictadura pretendía esconder.

Con el regreso de la democracia, Argentina tomó un camino que es ejemplo en el mundo: el de la memoria, la verdad y la justicia. Los responsables de aquellos crímenes fueron juzgados, y la sociedad reafirmó un compromiso profundo con los derechos humanos.

Sin embargo, la memoria no es un ejercicio del pasado. Es una responsabilidad del presente.

A 50 años del golpe, recordar no es solo mirar hacia atrás: es defender la democracia todos los días, es rechazar cualquier forma de violencia política, es sostener la vigencia de los derechos humanos y es enseñar a las nuevas generaciones que el silencio y el olvido nunca pueden ser una opción.

Porque un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.

Hoy, más que nunca, debemos levantar bien alto las banderas de la memoria colectiva.

Honrar a quienes ya no están, acompañar a quienes aún buscan justicia y reafirmar un compromiso inquebrantable con la democracia.

Que estos 50 años no sean solo un aniversario. Que sean un recordatorio profundo de lo que ocurrió y de lo que nunca más puede volver a suceder.

Memoria para no olvidar.

Verdad para comprender.

Justicia para sanar.

Y un grito que atraviesa generaciones:
Nunca Más.

Sebastián García.

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