“Siento que mi hijo está en peligro”: la desesperación de una madre que denuncia situaciones de violencia escolar
Daiana, hizo público un reclamo por las situaciones que su hijo viene atravesando desde el año pasado en la Escuela Normal de Chivilcoy. Asegura que el adolescente sufre hostigamiento, amenazas y agresiones físicas y verbales por parte de dos compañeros y cuestiona la respuesta de las autoridades escolares.
Con angustia, impotencia y preocupación por el bienestar de su hijo, Daiana decidió hacer público un reclamo que, según relató, viene planteando desde el año pasado ante las autoridades de la institución.
Su hijo concurre desde primer año a la Escuela Normal de Chivilcoy y, de acuerdo con el relato de su madre, habría sido víctima de reiteradas situaciones de hostigamiento y violencia por parte de dos compañeros de curso. Muchas veces acudió a la escuela a pedir ayuda, plantear la situación y al no tener respuestas que aseguren el bienestar de su hijo, decidió hacerlo público. La solución nunca puede ser que la víctima tenga que cambiar de turno o escuela por su seguridad.

La mujer asegura que se produjeron episodios de agresiones físicas, insultos, amenazas y daños de sus pertenencias, situaciones que fueron comunicadas en distintas oportunidades a las autoridades escolares.
“Hoy levanto la voz por mi hijo, pero también lo hago para que todo niño que sufra semejantes hechos pueda sentirse seguro de contarlo a tiempo y evitarse traumas severos y angustia constante”, expresó.
En su denuncia, Daiana describe distintos episodios que atribuye a sus compañeros y asegura que su hijo habría recibido golpes, patadas, insultos y amenazas dentro del establecimiento y durante los recreos. También menciona el robo o destrucción de útiles escolares y situaciones de hostigamiento verbal.
Según manifestó, estas circunstancias habrían comenzado el año pasado y se habrían reiterado pese a las reuniones mantenidas con integrantes de la institución.
La preocupación de la madre no se limita a los episodios concretos que relata, sino también a las consecuencias que, según afirma, estas situaciones están teniendo sobre su hijo.
Daiana sostiene que su hijo atraviesa actualmente problemas psicológicos como consecuencia de lo vivido y teme que las decisiones que se adopten terminen afectando aún más su bienestar emocional.
La mujer contó que mantuvo una extensa reunión con inspectores escolares, la directora y la vicedirectora de la institución. Según su versión, allí se le informó que no era posible retirar a los dos alumnos señalados de la escuela.
Ante esta situación, una de las alternativas que se analiza sería un cambio de turno o incluso de institución para Bautista, algo que genera una profunda angustia en su madre porque significaría alejarlo del grupo con el que comparte desde hace años.
“¿Mi hijo se cambia de turno escolar y de colegio? Deja su grupo de cinco años, siendo para él un cambio psicológico que puede dañarlo emocionalmente, además de todo lo que ya viene sufriendo”, planteó.
Daiana también cuestionó la falta de contacto por parte de los padres de los alumnos involucrados y manifestó su dolor porque, según afirma, ninguno se comunicó con ella para preguntarle cómo estaba Bautista o transmitirle unas disculpas.
“No voy a hacer la vista gorda”, afirmó, al tiempo que pidió que su reclamo sea escuchado y que se adopten las medidas que correspondan.
Más allá de la situación particular de su hijo, la madre busca instalar una discusión que considera necesaria: qué respuestas deben recibir las familias cuando un niño o adolescente denuncia situaciones reiteradas de violencia dentro de una institución educativa y cómo garantizar que pueda concurrir a clases sin sentir miedo.
“Hoy levanto la voz por mi hijo, pero también por todos los chicos que puedan estar atravesando situaciones similares”, remarcó.
Su pedido es concreto: que las autoridades intervengan, que se esclarezcan los hechos denunciados y que se garantice la seguridad y el bienestar emocional de los estudiantes involucrados.
“Le hablo a Dios, converso con Él y le pido que haga justicia, que ampare a mi hijo y que vea nuestro dolor”, expresó Daiana, dejando expuesta la dimensión de una angustia que, para ella, excede un conflicto escolar y se convirtió en el temor permanente de una madre que siente que su hijo no está seguro en el lugar donde debería estar protegido.











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