La Gaceta

El golpe del 76, crónica de una tragedia anunciada. Por Eduardo Falcone

El golpe del 76, crónica de una tragedia anunciada.

Por Eduardo Falcone, Diputado Nacional.

Las Juntas del Proceso hicieron un desastre en términos humanos y económicos. Fueron más allá de lo imaginable por la sociedad cuando se produjo el derrocamiento de Isabel, que encabezaba un gobierno incapaz de resolver ninguno de los graves problemas que sufría la Argentina y que estaba terminado desde la muerte de Perón. Que fue elegido Presidente por una mayoría inapelable, pero sabiendo que se iba a morir antes de terminar su mandato, eligió como VP a una mujer digna y leal pero que no tenía ninguna capacidad para conducir un gobierno nacional. Y menos aún en el quilombo que iba a ser inevitable tras su muerte. Hoy se cumplen 50 años del inicio de un gobierno que, entre otras tragedias verificables, produjo un industricidio que algunos no advierten que se puede repetir si se aplican medidas similares a las de Martínez de Hoz. Hoy hay distintos espacios que se van a ocupar de traer a la memoria lo ocurrido desde el 24 de Marzo de 1976 hasta el retorno a la Democracia, y está bien. Resultaría útil también hacer memoria de las condiciones que desembocaron en esa tragedia. En primer lugar recordar que no fue el único golpe militar del siglo XX. El relato K se encargó de silenciar, tergiversar o las dos cosas, los golpes a gobiernos no peronistas. Yrigoyen, Frondizi e Illia también fueron derrocados por militares, pero el kirchnerismo los ha justificado con más entusiasmo que el que ha puesto en condenarlos. No se puede entender el golpe del 76 sin entender que durante el siglo XX se había naturalizado a las FFAA como el «partido militar», que en gran medida representaba a un sector político de derecha que percibía no tener chances de llegar al gobierno por vías institucionales. Por otro lado, tampoco se puede entender la sangrienta respuesta de la derecha peronista primero y del Proceso después, sin considerar la existencia de la Guerra Fría ni de su expresión militarizada en Latinoamérica a partir de la Revolución Cubana de los 60s. Miles de jóvenes creyeron que la vía al socialismo era el camino de un Hombre Nuevo que justificaba matar al adversario y ofrecer en sacrificio hasta su propia vida. Ambos bandos se necesitaban para justificar sus proyectos políticos y autopercibian que la única solución era exterminar físicamente al otro. Con mucho dolor y sangre derramada esa tragedia terminó en 1983, cuando la inmensa mayoría de los argentinos construimos un consenso que no permitirá que esos extravíos ocurran, #NuncaMás.

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