
Ante una defunción inminente
IMO, la clínica donde los chivilcoyanos se atendieron durante 68 está enferma desde hace algunos lustros. De alguna manera, como si fuera un familiar, los pacientes comenzamos a preocuparnos. Al principio con esperanza. Después, como muchos enfermos, su estado se fue debilitando. Como si se tratara de una transfusión y para una pronta rehabilitación llegaron nuevos profesionales. Así y todo, siguió mal. Parecía que el paciente ingresaba a una terapia intermedia, y en lo más íntimo se albergaba una nueva esperanza. No obstante la clínica seguía enferma, pero ahora más delicada. Entraba en terapia intensiva.
Desde el último miércoles, al parecer la ciencia (los administradores) comenzó a evaluar la posibilidad de quitar el respirador artificial y a tal efecto iniciaron el retiro de la aparatología que, ante el desenlace inexorable, estimaron necesaria trasladar a sitios desconocidos donde, quizás, otros enfermos le den utilidad. O quizás la desaprensión la convierta en un puñado de dólares o en chatarra.
Al parecer, según trascendidos, el miércoles próximo no quedará nada de lo que fue nuestra clínica desde hace 68 años. Solo se escucharon quejas y disgustos solitarios. Serán las exequias de una triste despedida ante una sociedad institucional y vecinal indolente que desaprensivamente olvidará que muchas de sus angustias tuvieron final feliz en esta institución.
Desaparecerá y ni siquiera sabremos dónde podremos dejarle una simple y fría nota de agradecimiento. Con su desaparición todos perderemos algo de nuestra propia vida y Chivilcoy también perderá un valioso trozo de su patrimonio. Mientras tanto como pueblo quedaremos sumidos en un letargo inexplicable.
Carlos H. Lapenta










Deja una respuesta