Milagro en Boston. En un partido para el infarto, la selección de Paraguay venció por penales a Alemania tras igualar 1-1 en los 120 minutos de juego, sellando el primer gran impacto de los 16avos de final de la Copa del Mundo. El equipo dirigido por Gustavo Alfaro cazó una utopía que parecía imposible gracias a un planteo táctico impecable y a un corazón enorme, y ahora espera en octavos por el ganador del cruce entre Francia y Suecia.
Fiel al estilo de su entrenador, el conjunto sudamericano se replegó desde el arranque en un bloque bajo y ordenado, asfixiando la posesión de una Alemania que jamás encontró los caminos con claridad. La gran sorpresa de la noche llegó tras un córner, cuando Matías Galarza Fonda armó una jugada bárbara y metió un centro preciso para que Julio Enciso, completamente solo, metiera un cabezazo letal que desató el delirio guaraní. Aunque la ventaja duró poco por el empate de Kai Havertz a los 54 minutos, la Albirroja aguantó la épica e incluso se salvó en el suplementario gracias al VAR, que anuló un gol de Jonathan Tah por falta sobre el arquero Orlando Gill.
En la definición por penales, el propio Gill se vistió de héroe absoluto de la noche. El arquero de San Lorenzo, que venía de recibir un fuerte respaldo público de Alfaro en la conferencia previa, revalidó la confianza del DT atajando los remates de Havertz y de Nick Woltemade. A pesar de que Paraguay desperdició dos match points para cerrarlo antes, el plantel no perdió la calma: tras un nuevo fallo de Tah para los germanos, José Canale cruzó el remate decisivo y desató una fiesta histórica que quedará para siempre en los libros de los Mundiales.











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