
Muy distinta al país actual, yo conocí otra Argentina de valores morales, trabajo, esfuerzo, estudio, proyectos, producción, desarrollo, progreso, honestidad, fe, ilusiones, optimismo, esperanza y futuro… Un país con claro rumbo… un país de bienestar, sueños y alegría, digno de ser vivido…
Muy distinta al país actual, yo conocí otra Argentina que, infortunadamente, destruyeron y aniquilaron los chantas, y muchos, muchos, permanecieron cruzados de brazos y, no movieron un dedo, con el propósito de evitarlo: Para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo… Para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo…, a fin de impedirlo…, a fin de impedirlo… Si el país no se libra de los chantas de siempre, y los giles no despiertan de su largo adormecimiento, la Argentina quedará condenada, por los siglos de los siglos, al eterno y fatal siempre lo mismo y más de lo mismo…
Muy distinta al país actual, ya conocí otra Argentina que, ya no existe… La reemplazó una Argentina diferente que, nivela e iguala hacia abajo, con ignorancia, marginación, resignación conformista y, miseria dependiente… El nuevo modelo, esquema u orden moral, social, laboral y cultural, que impusieron los chantas, para que no cambie nunca nada y, todo, todo, todo, siga siempre como está (o acaso, bastante peor). Puro gatopardimo: Hay que cambiarlo todo, para que nada cambie… Hay que cambiarlo todo, para que nada cambie… Para que nada cambie…, para que nada cambie… Esa es la principal y exitosa consigna de los chantas…
Escuchame bien, che, pibe, / lo que bato, sin doblez: / Yo conocí otra Argentina, / de laburo y honradez. / Yo conocí, tan pulenta, / un flor de país pujante, / que la yugaba, muy forte, / cinchando para delante… / Yo conocí, che, pebete, / otro país, más seguro, / que carburaba el presente, / junando un mejor futuro… / Otro país, de valores, / sin broncas ni fulería, / donde copaba a la gente, / todo un kilo de alegría. / Otro país, de buen morfi, / de hondo embale y dinamismo, / con un cacho de ilusiones, / y un sol de posta optimismo. / Otro país, sin camelo, / grupo, verso y falsedad, / cuando todos chamuyaban / su parola de verdad. / Otro país, de los brolis, / el aula y la educación, / con la mistonga escuelita, / y su debute lección. / Otro país, donde estaba / la infancia junto al potrero; / la pelota más pintona, / el festejo dominguero… / Esa cachuza bolita, / aquel rioba, sin olvido, / la bici, las figuritas, / y un cuore niño, perdido… / Otro país, de respeto, / franca y canchera amistad, / sin angurria y sin afano, / con gran solidaridad. / Otro país, donde no eran / salames, los laburantes, / que hoy juegan de pobres giles, / frente a turros y atorrantes… / Otro país, de justicia / y principios diferentes, / con el honesto, en la yeca, / y en cana, los delincuentes… / Otro país, sin malandras, / curros, tramoyas, pavada,/ ni sin los chantas y chorros, / ganándote por goleada… / Otro país, de riqueza, / lungo esfuerzo y la fe pura, / con un mango en los bolsiyos, / y sin tanta mishiadura… / Otro país, más fratelo, / donde unidos, se luchaba / por un lindo porvenir, / y la gente, laburaba… / Otro país, che, gomía, / – facha, encanto y colorido -, / que fuera un bulín de sueños, / tan digno de ser vivido… / Escuchame bien, che, pibe, / lo que bato, sin doblez: / Yo conocí otra Argentina, / de laburo y honradez. / Y hoy, campaneando el pasado, / de pensar, me duele el coco, / porque frente a tanta mugre, / sufro y lloro, como loco… / Ojalá, que un yorno vuelva / ese país de bonanza, / y brille otra vez, chipola, / un cielo azul de esperanza.
Procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.











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