La Gaceta

Pinamar y los UTV: un problema que vuelve todos los veranos

Luego de los hechos de público conocimiento y que lamentablemente dejan el saldo de heridos de distinta gravedad e incluso muertes, consultamos a Estudio Cufre – Abogado, experto en siniestros viales quien compartió su opinión e información detallada.

Un accidente que reabre un debate recurrente


El grave accidente ocurrido en Pinamar, en la zona de médanos conocida como La Frontera, donde un niño de ocho años sufrió lesiones de extrema gravedad tras un choque entre un UTV y una camioneta, volvió a poner en debate un fenómeno que se repite cada verano: el uso recreativo de vehículos todoterreno en contextos de alto riesgo y con controles que muchas veces resultan insuficientes.

La causalidad


De qué hablamos cuando hablamos de “causalidad”
Cuando se analiza un accidente como este, lo central no es simplemente describir que los vehículos circulaban por el lugar, sino determinar qué rol tuvo cada conducta y cada maniobra en la producción del siniestro. En otras palabras, se trata de establecer quién hizo qué, cómo circulaban los conductores, en qué condiciones y en qué medida cada una de esas acciones influyó realmente en el resultado.
A veces la responsabilidad recae en un solo conductor y, en otros casos, se reparte entre ambos, según la incidencia concreta que haya tenido cada conducta en el accidente. Esto es lo que, en términos simples, se conoce como culpa concurrente


La reconstrucción técnica del siniestro


La reconstrucción del accidente: por qué es clave
En hechos complejos como este, con médanos, terrenos irregulares y circulación mixta, las conclusiones no pueden basarse solo en testimonios u opiniones. Por eso, la investigación judicial suele apoyarse en pericias técnico-científicas propias de la accidentología vial moderna.

En ese marco, pueden analizarse los sistemas electrónicos de los vehículos, como las unidades de control (ECU), a través de los llamados Event Data Recorder (EDR) o datos pre-crash, que permiten reconstruir parámetros objetivos como velocidad, aceleración, frenado y maniobras previas al impacto. A ello se suman, cuando existen registros visuales, pericias de fotogrametría forense y el estudio de huellas, deformaciones y compatibilidad de daños.

Este tipo de reconstrucción técnica resulta central para comprender la dinámica real del hecho, establecer la incidencia de cada maniobra y evitar conclusiones apresuradas.


¿Se puede responder sin haber manejado?

Uno de los puntos que más interrogantes genera es la eventual responsabilidad del padre del menor, aun cuando no haya sido quien conducía el UTV. Desde el punto de vista jurídico, esto es posible. Los padres tienen un deber reforzado de cuidado respecto de sus hijos y ocupan una verdadera posición de garante. La responsabilidad no se limita a la conducción del vehículo, sino que puede nacer de una decisión previa: permitir que un menor sea transportado en un vehículo recreativo, en médanos y en un contexto potencialmente peligroso.


Menores, cinturón de seguridad y riesgo permitido


En este tipo de vehículos suele mencionarse la existencia de cinturones de seguridad. Sin embargo, jurídicamente la cuestión no se agota en si el cinturón estaba o no colocado, sino en si ese sistema de sujeción era adecuado para un menor y para el tipo de uso que se estaba realizando. Cuando hay niños involucrados, el estándar de cuidado exigible se eleva y el análisis debe contemplar el entorno, la dinámica del vehículo y la previsibilidad del daño.


Capacitación para conducir


El manejo de UTV en médanos no equivale a la conducción de un automóvil en la vía pública. Se trata de vehículos de uso recreativo, con características dinámicas particulares. Por ello, la capacitación específica para su conducción, exigida en muchos casos por reglamentos locales o normas de uso, integra el deber de cuidado. La falta de formación adecuada puede convertirse en un factor jurídicamente relevante al momento de analizar responsabilidades.


El seguro: especial para UTV, pero con RC limitada


Los UTV cuentan con seguros específicos para vehículos recreativos, distintos del seguro automotor tradicional. Sin embargo, en lo que respecta a la responsabilidad civil, el esquema es similar al general: la cobertura está orientada a terceros, y en términos generales excluye a familiares cercanos del asegurado o del conductor. Esto implica que la existencia de un seguro no garantiza automáticamente la cobertura de todos los ocupantes, lo que vuelve central el análisis de responsabilidades personales y patrimoniales.
¿Puede responder el Estado?
Los municipios tienen un poder-deber de control y prevención, especialmente en zonas donde el riesgo es conocido. No obstante, el Estado no es un asegurador universal: solo puede responder si se prueba una omisión grave y concreta en materia de controles, señalización o prevención, análisis que se complejiza aún más en zonas limítrofes o de jurisdicción difusa.


Una lección que va más allá de Pinamar


El caso de Pinamar deja una enseñanza clara: los accidentes con UTV no son solo un problema de conducción, sino de decisiones previas, capacitación, estándares de cuidado, reconstrucción técnica, seguros y controles eficaces, especialmente cuando hay menores involucrados. En materia de siniestros, muchas veces el daño no comienza con el impacto, sino mucho antes.

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