
Volver a los valores morales perdidos, en esta Argentina del eterno siempre lo mismo…
Hoy, más que nunca, debemos volver a los principios y valores, el sentido ético, la conciencia moral, la educación y la enseñanza, la rectitud, la honestidad, la transparencia y, la sagrada y sublime cultura del trabajo… Sin valores, no hay presente, porvenir ni destino: basta observar los penosos y deplorables resultados…
Los chantas de siempre, inspirados quizá, en el manual “Cómo destruir un país, en pocos días” – curso acelerado -, sin dudas, aniquilaron y mataron, en breve tiempo, los principios y valores morales, humanos, cristianos, sociales, laborales, comunitarios y culturales, la justicia, la verdad, la educación, la enseñanza y la instrucción pública, la honradez, la dignidad y, la cultura del trabajo; imponiendo después, otro orden, sistema, régimen o esquema, muy distinto al del país, que nosotros vivimos, conocimos y gozamos, en décadas pasadas: el modelo de una Argentina, que nivela e iguala siempre hacia abajo, con ignorancia, incultura, marginación social, pauperismo y miseria dependiente…
Mataron los valores del país anterior, e instauraron la Argentina, del eterno y fatal círculo vicioso, del siempre lo mismo y el más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada – impunidad judicial absoluta -, siempre se habla mucho de lo mismo, todo resulta igual, todo es lo mismo, todo da lo mismo y, todo termina, indefectible e inexorablemente siendo, siempre lo mismo y más de lo mismo… Los chantas ganaron por goleada este partido – la Argentina constituye para ellos, un cautivante y extraordinario paraíso terrenal – porque ellos no trabajan, no generan nada, no produce nada, no aportan nada, carecen de toda trayectoria y no tienen, tampoco, méritos de nada, pero, pero, pero…, viven a expensas de los que trabajan, abonan los impuestos y cargas tributarias y, sufren los ajustes… Lograron en definitiva, establecer la cultura del facilismo, donde todo se consigue sin trabajo, sin esfuerzo, sin estudio, sin lucha, sin anhelos de superación ni mérito alguno… Impusieron la Argentina, en la cual, triunfan los buscas, los chantas, los chorros y los que viven de arriba, y pierden, se perjudican, se empobrecen y, hasta se funden, los anónimos y abnegados laburantes, y las personas buenas, nobles, honestas y laboriosas, que trabajan, luchan y pagan sus obligaciones impositivas…
Los chantas, mataron y aniquilaron los valores, transformando a la Argentina, en un país, obscuro, nulo y decadente, vacío de proyectos, expectativas, motivaciones y, todo contenido, útil y rescatable; un país sin presente, futuro, destino ni tampoco, posible salida… Un país muy pero muy distinto, al que pudimos ver, disfrutar y soñar, en otras lejanas y añoradas épocas, de nuestra historia patria… ¿Por qué hicieron eso? Para lograr su principal finalidad u objetivo – y sin dudas, lo consiguieron, ampliamente -: Conservar sus privilegios, prebendas y beneficios, qué no cambie nunca nada, y qué todo, todo siga, siempre como está (o acaso, muchos peor). Su gran curro y negocio, residen, precisamente, en que no cambie nunca nada, y todo siga siempre como está… Los chantas, se hallan todos en la misma, hacen su propio juego, y aunque simulen ser opositores o adversarios, para el escenario, la tribuna y la gilada, se encuentran “entongados”, detrás de un mismo fin… ¿De qué manera consumaron su propósito? Muy fácil: Engrupiendo o engañando, entreteniendo, distrayendo, envolviendo y confundiendo a la gente y la gilada, cada día, cada minuto y cada segundo, con una cortina de humo, periodística y televisiva, diferente: palabras, discursos, relatos, verso, camelo, mito, apariencia, venta de imagen, cartón pintado, carne podrida y espejitos de colores… Mientras tanto, transcurren las jornadas diarias, las semanas, los meses, los años, las décadas, se esfuma nuestra vida; nunca pasa nada, todo queda en la nada, jamás cambia nada y, todo, todo, todo sigue siempre como está…
Hoy más que nunca, debemos recuperar y volver a los valores, si aspiramos a una Argentina, de progreso y esperanza, digna de ser vivida y soñada: los valores éticos y, la cultura de la educación y el saber, la justicia, la verdad, la solidaridad, la familia y el trabajo… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo y, para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo…
Hoy más que nunca, necesitamos hombres de bien, con auténticos y profundos valores morales, y ejemplos edificantes de conducta, porque solamente, se predica y se siembra, con el buen ejemplo: lo demás, son meras y vulgares expresiones verbales, carentes de toda importancia… Los hombres valen por lo que hacen, no por lo que dicen… y al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos… Recordemos, finalmente, esta frase reflexiva: Sin valores, no hay presente; sin valores, no hay porvenir ni destino…
Volver a los valores, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.
Volvamos, che, melón, a los valores, / que rajaron, de pronto, un triste día: / la honradez, sin afano y fulería, / la justicia, sin broncas ni rencores… / El amor, sin los fieros sinsabores, / la verdad sin más verso, la alegría; / esa mano fratela, de un gomía, / la moral, que manyó tiempos mejores… / Volvamos, de movida, hacia el laburo, / la instrucción, que es el morfi del futuro, / la pulenta esperanza, el buen camino… / Porque sin más valores – flor de chanta -, / el cachuzo país, no se levanta, / y no tiene, melón, ningún destino.










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